martes , 25 junio 2019
estudios de la personalidad

La personalidad: cómo se ha estudiado y qué nos espera

A lo largo de los tiempos, el estudio de la personalidad en psicología ha sido, y sigue siendo, difícil. Por varios motivos:

  • En primer lugar, por la propia definición de personalidad, que aún no es del todo clara y que ayudaría a delimitar el ámbito de estudio.
  • En segundo lugar, por la multitud de teorías y enfoques sobre la misma que, hasta hoy, no han logrado describirla por completo.
  • Por último, la necesaria descomposición de la personalidad en rasgos para poder entenderla ocasiona que en ocasiones se obvie el resultado final de personalidad como un todo, sino como la suma de varios elementos.

Además, con base en estas divisiones de la personalidad en dimensiones, rasgos o factores: ¿cuáles son? ¿Son comunes en todos los seres humanos? ¿Cuál es su naturaleza? Estas preguntas se tornan más complicadas cuando las relacionamos con el ámbito del desarrollo. ¿Qué rasgos de la personalidad son innatos? ¿Cuáles son adquiridos? ¿Son modificables? ¿Cómo influyen nuestras interacciones sociales con el desarrollo de la personalidad?

Por fortuna, parece ser que hay un consenso en el hecho de que “las cosas están a medio camino entre los factores ambientales y genéticos”, como afirma Aquilino Polaino-Lorente en su obra Fundamentos de psicología de la personalidad. Así, en algo que han denominado interaccionismo, la personalidad se entiende como un constructo (una construcción abstracta) que cada uno hacemos de nosotros mismos según el entorno en el que nos movemos y la educación que hemos recibido. Este constructo abarca tanto nuestros comportamientos externos, que conducen al muchas veces erróneo etiquedado de nuestra existencia, como a nuestro mundo interno. Ambos componentes, muchas veces, no coinciden.

Todo ello da como resultado una personalidad única, irrepetible y distinta de los demás. Y son estas diferencias las que dificultan pero a la vez abren la puerta al posible estudio de la personalidad. Así, la investigación se centra en su comprensión mediante el estudio de las diferencias: ¿qué rasgos dominan en una persona o en otra? ¿qué rasgos son patológicos o qué rasgos son saludables? ¿cómo influyen las diferencias ambientales en la personalidad?

TEORÍAS DE LA PERSONALIDAD

Todas las preguntas que hemos ido exponiendo hasta ahora se las hicieron también psicólogos y filósofos que durante centenares de años han centrado su estudio en la personalidad. De ahí salieron teorías principales: psicoanalíticas, conductuales, sociales-cognitivas, biopsicológicas, humanistas, evolutivas, etc.

Uno de los modelos sobre la personalidad más extendidos y aceptados es la teoría del Big Five de Costa y McCrae. Elaboraron una taxonomía en 5 dimensiones de la personalidad para así evitar la gran cantidad de atributos que en realidad podrían definir la personalidad de una persona. Tales dimensiones provienen de los términos normalmente utilizamos en nuestro natural para definirnos a nosotros mismos, que finalmente se recogieron en: neurocitismo (asjuste emocional), apertura a la experiencia, cordialidad o amabilidad (cualidades de las interacciones sociales), extraversión (cantidad e intensidad de relaciones personales) y responsabilidad (toma de conciencia, organización, control y motivación hacia los objetivos). Cada uno de estas grandes dimensiones se compone de rasgos relacionados entre sí, lo cual, globalmente, muestra la manera de percibir el mundo y reaccionar ante el mismo.

Quizás lo que ha ayudado a este modelo a tener tanta aceptación entre profesionales es que tiene mucha consistencia entre distintos idiomas y culturas, así como estabilidad de las puntuaciones a lo largo del tiempo.

FUTUROS DE LA INVESTIGACIÓN

Si bien es muy complicado predecir por dónde irán los tiros, en varios estudios (os mostramos un ejemplo en este enlace) se han señalado tendencias futuras en la investigación sobre la personalidad. He aquí algunas de ellas, aunque existen otras:

  • Los estudios sobre la personalidad no serán ajenos a los indudables avances en el campo de la neuroimagen, que permitirán conocer mucho más sobre la relación entre cerebro y comportamiento para así conocer las bases biológicas de los rasgos temperamentales.
  • Se aprovecharán los avances en genética. El camino, muy a largo plazo, pasa por lograr discernir lo que se han denominado “genes de la conducta”, siempre teniendo en cuenta la complejidad de este terreno y que la epigenética (fenotipo) tiene mucho que decir sobre lo que traemos de serie (genética).

En mundos cada vez más globalizados e integrados, así como de conflicto social, los estudios de la personalidad no podrán obviar los distintos universos simbólicos y las diferentes formas de construir el mundo, la identidad y las relaciones.

Sobre Núria Llavina

Experta en divulgación médica y científica, Núria es periodista por la Universitat Autònoma de Barcelona y posgrado en procesos editoriales por la Universitat Oberta de Catalunya.

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