lunes , 12 noviembre 2018
agresión relacional

Desmontando mitos: la manipulación psicológica no es una “cosa de mujeres”

Rumores, chismes, exclusión social, dejar de hablar a alguien o hablar de alguien en corrillo… Es muy probable que la primera imagen mental que te venga tras leer esto sean mujeres, o chicas jóvenes, cotilleando y criticando. Porque estas son conductas que tradicionalmente siempre se han asociado a la mujer. Incluso en muchos estudios relacionados con estos comportamientos, denominados colectivamente “agresión relacional”, se ha dicho que tipo de violencia se da principalmente en las niñas.

La agresión relacional (o bullying relacional) se define como la manipulación intencionada que tiene el objetivo de herir o controlar la capacidad de otro niño o niña para mantener una buena relación con sus compañeros. No es acoso físico o verbal, sino una forma más sutil de agresión, que utiliza relaciones para dañar o manipular a otros.

INVESTIGACIÓN SOBRE AGRESIÓN RELACIONAL Y GÉNERO

Desmontando este mito de las “chicas malas”, una investigación de la Universidad de Georgia, en Estados Unidos, encontró hace 4 años que los chicos podrían utilizar la agresión relacional (rumores maliciosos, y exclusión y rechazo social) para dañar o manipular a los demás incluso con más frecuencia que las chicas. El estudio se ha publicado en la revista Aggressive Behavior.

Más allá de este trabajo, una investigación internacional mostró también que ambos sexos tienden a usar la agresión relacional, pero que las niñas son más conscientes y muestran más angustia por ello. Otro estudio afirmó que las niñas son más propensas a decir que es moralmente incorrecto excluir a alguien con base en su pertenencia al grupo.

DIFERENTES FORMAS DE COMUNICACIÓN

Las investigaciones realizadas hasta ahora y que apuntan a las chicas como protagonistas de la agresión relacional argumentan esta “prevalencia femenina” a las diferencias de comunicación entre chicos y chicas.

Según estas premisas, lo que más importaría a los chicos es su posición en la jerarquía. En cambio, para ellas, la comunicación es vital, y hablan entre sí para autoafirmarse, darse apoyo y validar a otras personas. Para las chicas, la comunicación sería una forma de conectar, de demostrar lo importantes que somos unas para las otras. Por lo tanto, la mejor forma de hacerse daño sería arrancar esta conexión: dejar de hablarse, dejar de comunicarse, excluir a nivel social.

LAS CHICAS: LAS VÍCTIMAS

Los investigadores del estudio de la Universidad de Georgia concluyeron cosas bien distintas. Analizaron datos recogidos de 620 estudiantes. Los participantes completaron encuestas anuales, lo que permitió a los investigadores identificarlos y agruparlos en distintos grupos que iban desde la agresión relacional (actuación) a la victimización, a medida que avanzaban de curso y durante 7 años.

Los expertos encontraron que, en general, la agresión relacional es un comportamiento muy común. Casi todos los estudiantes encuestados, el 96%, había transmitido al menos un rumor o había hecho un comentario desagradable sobre alguien en el transcurso del estudio. Asimismo, también encontraron que las experiencias de victimización parecen ser universales. Más del 90% de los estudiantes informaron de que habían sido víctimas de agresión relacional al menos una vez.

El análisis encontró tres niveles de actuación y tres niveles de victimización: bajo, moderado y alto. Todos estos niveles sufrían un recorrido descendente a lo largo de los años, es decir, que los niveles de actuación y de victimización son muy altos en la escuela media y disminuyen a medida que pasan los años. Es al examinar cómo estas trayectorias diferían por sexos cuando los datos revelaron resultados inesperados: hubo un número significativamente mayor de niños que de niñas en los niveles más altos de perpetración de la agresión relacional, mientras que hubo más niñas incluidas en los niveles más altos de victimización. En otras palabras, los chicos podrían ser más propensos a realizar agresión relacional que las niñas, en realidad más susceptibles de ser las víctimas.

MÁS INFORMACIÓN

Según los investigadores, existe mucha información disponible encaminada a que las niñas abandonen este hábito tan tipificado (he aquí un ejemplo muy claro en el que sólo se habla de chicas), así como una gran cantidad de investigación cualitativa sobre por qué las niñas son relacionalmente agresivas. No obstante, a su parecer, no existe suficiente investigación sobre por qué los niños serían también relacionalmente agresivos, porque en la sociedad se ha asumido que es un comportamiento principalmente femenino.

Asimismo, los expertos alertan de que los estudios sobre la victimización relacional son territorio desconocido en la literatura científica, por lo que se requiere mucha más investigación para entender por qué es más probable que las chicas sean víctimas de agresión relacional.

AGRESIÓN RELACIONAL EN CUATRO PUNTOS

Para que entendamos mejor a qué nos referimos cuando hablamos de agresión relacional, he aquí algunos puntos básicos extraídos de la web Relational Agression:

  • Burlarse o reírse de alguien, excluir, transmitir chismes y rumores (ya sea en línea, en la escuela o el lugar de trabajo).
  • Estos comportamientos humillan y estigmatizan a las víctimas, dañando sus relaciones actuales y futuras.
  • A menudo, la intimidación deja a su víctima ninguna o pocas oportunidades para explicar su punto de vista o tratar de mejorar la relación.
  • Las lágrimas o quejas formales legitiman el abuso. La víctima se convierte en un excluido social.

Sobre Núria Llavina

Experta en divulgación médica y científica, Núria es periodista por la Universitat Autònoma de Barcelona y posgrado en procesos editoriales por la Universitat Oberta de Catalunya.

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