viernes , 23 octubre 2020
¿Existe una tendencia genética a la soledad?

¿Existe una tendencia genética a la soledad?

La soledad se vincula a una mala salud física y mental, e incide más que la obesidad a una potencial muerte temprana. Pero, ¿quién está más en riesgo de padecer soledad? ¿Existen determinantes genéticos implicados en la soledad más allá de los ambientales, ya bien conocidos? ¿Pueden dos personas con el mismo entorno sentir de forma diferente la soledad?

Para desentrañar este misterio, investigadores de la Universidad de California en Estados Unidos han realizado el primer estudio que ha tratado de asociar el genoma a la soledad, de modo que ésta se entendería como un rasgo vital, no como un estado temporal.

El descubrimiento principal ha sido que el riesgo de sentirse solo podría deberse, en parte, a la genética, pero sin duda alguna el entorno cumple el papel más importante en esta carencia. El estudio se ha realizado a más de 10.000 personas y se ha publicado recientemente en la revista Neuropsychopharmacology, una revista que cuelga de la prestigiosa Nature. Otro de los hallazgos ha sido que el riesgo genético a la soledad se asocia con inestabilidad emocional y síntomas depresivos.

HEREDABILIDAD DE LA SOLEDAD

En su trabajo, el equipo de científicos explica cómo, del mismo modo que el dolor físico nos alerta de potencial daño al organismo y nos motiva a cuidar de nuestro cuerpo físico, la soledad forma parte de un sistema de alerta biológica que ha evolucionado para alertarnos de amenazas o daño potencial a nuestros “cuerpos sociales”.

Pero no todo el mundo percibe la soledad de la misma manera. Así, dos personas con el mismo número de amigos y familiares cercanos pueden percibir este mismo entorno como adecuado o no. Y sentirse más solos o no con respecto a este entorno social. Es este punto el que los investigadores entienden como “predisposición genética a la soledad”.

Si la soledad se hereda o no. Este interrogante ya se ha estudiado previamente, sobre todo en gemelos y menos estudios en niños y adultos. De estos trabajos puede desprenderse que del 37% al 55% por ciento de la soledad se determina por la genética. Estudios anteriores también habían tratado de identificar los genes específicos que contribuyen a la soledad, centrándose en los genes relacionados con los neurotransmisores, como la dopamina y la serotonina, y otros sistemas celulares asociados con el apego humano, tales como la oxitocina. Sin embargo, estos estudios se basaron en su mayoría en pequeños tamaños de muestra.

En este reciente trabajo el tamaño de la muestra, como ya hemos indicado, ha sido mucho mayor: se ha analizado la información genética y la salud de 10.760 personas de 50 años o más. Como parte del estudio, los participantes tuvieron que responder a tres preguntas bien establecidas que miden los niveles de soledad y que no incluyen el término “solitario”, ya que muchas personas son reacias a informar sentirse de esta manera. Las preguntas fueron: ¿Con qué frecuencia siente que le falta compañía?, ¿con qué frecuencia se siente excluido?, ¿con qué frecuencia se siente aislado de los demás?

Estos son los hallazgos principales:

  • La soledad entendida como una tendencia a sentirse solo durante toda la vida, en lugar de sólo de vez en cuando debido a las circunstancias, es un rasgo moderadamente heredable que puede achacarse de un 14% a un 27% a la genética, en comparación con las estimaciones previas (37-55%).
  • La soledad “heredada” suele venir acompañada de inestabilidad emocional y una escala de síntomas depresivos. Indicios más débiles sugieren vínculos entre la soledad hereditaria y la esquizofrenia, el trastorno bipolar y el trastorno depresivo mayor.
CÓMO LA SOLEDAD PERJUDICA NUESTRA SALUD

Lo que sí que es bien conocido es que la soledad afecta nuestra salud de manera importante, sobre todo cuando ésta ocurre durante la tercera edad. Estudios empíricos han constatado, por ejemplo, que los hombres casados son más longevos y tienen mejor salud que los solteros o divorciados que viven solos. La soledad aumenta el riesgo de presión sanguínea alta, provoca una peor calidad del sueño, aumenta los síntomas de depresión, provoca un declive inmunitario y cognitivo, y se asocia con una muerte más prematura, como ya hemos indicado anteriormente.

La soledad podría funcionar incluso como enfermedad por sí misma, debido a que puede alterar la percepción, los pensamientos, la estructura y la química de nuestros cerebros. También, como indicaba un estudio de finales de 2015 publicado en PNAS, sentirse solo a largo plazo puede alterar la expresión de los genes que producen glóbulos blancos y producir inflamación, debilitando el sistema inmunitario y haciéndonos más susceptibles a infecciones.

Fuente | Universidad de California

Sobre Núria Llavina

Experta en divulgación médica y científica, Núria es periodista por la Universitat Autònoma de Barcelona y posgrado en procesos editoriales por la Universitat Oberta de Catalunya.

Más artículos

Estreñimiento y embarazo

El estreñimiento en el embarazo y el parto, un problema recurrente e infravalorado

El estreñimiento es un problema común en muchas personas. Se define como evacuaciones intestinales poco …

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de usuario. Si continúas navegando estás dando tu consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies. Pincha el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies
Simple Share Buttons