¿Quién no se ha ofendido cuando enseñamos una canción que nos hace llorar cada vez que la escuchamos y el otro u otra se queda con cara de emoticono inexpresivo? Quizás es porque a uno le emociona más una canción de los Beatles, mientras que, al ingrato de enfrente, que no sabe valorar lo bueno de la canción que le acabamos de enseñar, le llega más una canción heavy metal. Sea por un tipo de música u otro, en ambos se produce una emoción. Ésta se produce al liberar dopamina en distintas áreas del cerebro, lo que provoca una encantadora sensación de placer.
ANHEDONIA MUSICAL
Pero, aunque escuchar música es considerada una actividad gratificante a escala universal, alrededor del 3-5% de la población sana no experimenta sentimientos placenteros en respuesta a cualquier tipo de música. Esta condición se conoce con el nombre específico de anhedonia musical, que podemos definir como personas que son impermeables al placer que proporciona la música.
Investigadores del grupo de cognición y plasticidad cerebral del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge y de la Universidad de Barcelona (IDIBELL-UB), en colaboración con investigadores de la Universidad de McGill (Montreal, Canadá), han publicado un nuevo estudio en el que explican la falta de sensibilidad a la música. El estudio, publicado en la revista PNAS, nos da pistas sobre la importancia de la música a un nivel evolutivo basado en la conexión entre las áreas auditiva y emocional del cerebro.
Como indican los investigadores, “la gente con anhedonia no tiene problemas para percibir correctamente y procesar la información contenida en una melodía (como intervalos o ritmos) y presentar una respuesta normal de placer a otros estímulos agradables (como el dinero), pero no disfruta de estímulos musicales. Aunque la existencia de este fenómeno se conoce desde hace algunos años, no se sabe por qué ni cómo se produjo.
En su trabajo, los investigadores analizaron 45 voluntarios sanos sometidos resonancia magnética. Los participantes se dividieron en tres grupos según la puntuación obtenida en un cuestionario desarrollado por el mismo grupo de investigación, el Barcelona Music Reward Questionnaire (BMRQ). Durante la sesión de resonancia magnética, los participantes tuvieron que escuchar fragmentos de canciones de género clásico y proporcionar valores de placer en una escala de 1 a 4 en tiempo real. Para controlar la respuesta cerebral a otros tipos de recompensas, los participantes también tuvieron que hacer una apuesta con dinero real.
Los resultados mostraron que la disminución de la respuesta agradable a la música mostrada por los participantes con anhedonia musical está relacionada con una reducción en la actividad del núcleo accumbens, una estructura cerebral clave en el sistema de recompensa. La actividad de esta estructura se mantuvo, no obstante, cuando las mismas personas apostaron dinero.
DOPAMINA Y CIRCUITOS CEREBRALES
Estos mismos investigadores ya publicaron en 2014 un estudio en Current Biology que más o menos indicaba lo mismo. En ese caso se centraron en la dopamina. En el trabajo concluyeron que hay personas que no sienten nada al escuchar el Nessun Dorma de Puccini y que, sin embargo, sí liberan dopamina, la “hormona de la felicidad”, ante la posibilidad de ganar dinero (algo parecido a la investigación reciente reciente). El trabajo sugirió, por lo tanto, que la relación entre la música y el placer se establece por vías diferenciadas.
La falta de emoción al escuchar música se debería a la existencia de unas vías nerviosas únicas para la música en el sistema de recompensa (centro del sistema nervioso central que obedece a estímulos específicos y naturales).
Salud entre líneas Behind the scene