martes , 22 enero 2019
¿Abusamos del ibuprofeno y del paracetamol?

¿Abusamos del ibuprofeno y del paracetamol?

Una amplia mayoría de personas ha tomado un paracetamol o un ibuprofeno en su vida. Ambos medicamentos son un clásico en nuestro botiquín casero. A pesar de que a menudo se toman casi como si fueran iguales, en realidad sus efectos no son los mismos, así como tampoco comparten efectos secundarios que hay que tener en cuenta ante su abuso. El paracetamol para una dura resaca, el ibuprofeno ante un dolor débil de muela (para que no duela más, etc.), cualquiera de los dos para los primeros días de la menstruación… A veces se confunden y, lo que es peor, a veces se abusa de ellos.

Datos del 2012 que se arrojaron en el marco del Congreso de la Sociedad Española de Farmacia Comunitaria aseguraban que más de ocho millones de personas en nuestro país toman dosis diarias de ibuprofeno superiores a las recomendadas. Asismismo, según los datos del Ministerio de Sanidad del 2010, el omeprazol fue el medicamento del que más envases se vendieron, seguido muy de cerca por el paracetamol (34,31 millones) y el ibuprofeno (con 23,5 millones de envases).

EFECTOS DAÑINOS A LARGO PLAZO

Describamos con detalle los efectos de cada uno de estos fármacos. El acetaminofeno o paracetamol se ha venido utilizando durante décadas por millones de personas para tratar la fiebre y aliviar el dolor leve. También es un poderoso antitérmico y por eso se usa para bajar la fiebre. El ibuprofeno también se toma para aliviar dolores moderados (de cabeza, dentales o premenstruales), pero a éste fármaco se le añade un efecto antiinflamatorio que el paracetamol no tiene.

Si bien se garantiza que ambos medicamentos son seguros siempre que se respeten a bajas dosis, las dosis elevadas y continuadas pueden provocar efectos no deseados importantes.

A mediados del 2015 el Ministerio de Sanidad advirtió del riesgo cardiovascular que conlleva tomar dosis altas de ibuprofeno y dexibuprofeno, y recomendó evaluar cuidadosamente el peligro que puede conllevar un tratamiento a largo plazo con estos medicamentos en pacientes con problemas cardiovasculares. El motivo está en que las dosis altas de ibuprofeno (más de 2.400 miligramos al día) se han relacionado con mayor riesgo de trombosis arterial. La alarma surgió a raíz de los resultados de un trabajo publicado en The Lancet en agosto de 2013. Sobre datos de ensayos clínicos, sugerían dicho riesgo en dosis altas.

Añadidos al riesgo de infarto, el ibuprofeno también tiene potenciales efectos gástricos, de modo que no debe administrarse de forma regular a personas con enfermedad inflamatoria intestinal, ya que pueden provocar hemorragias gástricas y úlceras. También se ha relacionado con agudizaciones de asma, estreñimiento, diarrea, gases o distensión abdominal, mareo, nerviosismo o zumbidos en los oídos.

Con respecto al paracetamol, de entre los efectos secundarios más conocidos se encuentra la afectación del hígado cuando éste se toma en altas dosis. De hecho, la sobredosis de paracetamol es la causa de una quinta parte de todos los casos de insuficiencia hepática aguda que llevan a la necesidad de un trasplante. Más allá de la afectación hepática, este fármaco se ha relacionado también con tres enfermedades en la piel cuyos síntomas pueden incluir erupción, ampollas y, en el peor de los casos, daños a la superficie. Otros efectos adversos apuntan a las mujeres embarazadas y a un posible mayor riesgo de que los niños sufran asma en los primeros años de vida.

OMEPRAZOL, EL FÁRMACO LÍDER

El medicamento más vendido en España es el omeprazol. Para ser más concretos, y según datos del Ministerio de Sanidad, el año pasado se vendieron 54 millones de envases de este antiácido y protector estomacal. Entre el año 2000 y 2012, su consumo ha aumentado en más del 500%. El segundo fármaco más vendido fue el paracetamol, y después un fármaco para controlar los niveles de colesterol, el ácido acetilsalicílico y el ibuprofeno.

La razón del uso generalizado de este fármaco está en el alivio de los síntomas de la acidez de estómago, es decir, el denominado reflujo gastroesofágico. También para prevenir las hemorragias gastrointestinales que pueden causar algunos fármacos como los antiinflamatorios, o para aliviar digestiones pesadas. También se ha popularizado como fármaco eficaz para las resacas. Uno de los problemas principales está en que suele utilizarse de forma “autodiagnosticada”, muchas veces sin tampoco tener en cuenta los efectos a largo plazo que este medicamento podía tener.

El más conocido es la probabilidad de reducción en la función renal, enfermedad renal crónica y fallo grave de los riñones, según un trabajo publicado en Journal of the American Society of Nephrology. Siempre y cuando se tome de forma prolongada y sin un control. Su consumo diario también se ha asociado déficit vitamínico, pérdida de masa ósea, infecciones intestinales y mayor riesgo de infartos cardíacos.

Fuentes | Consumer, AEMPS, El Mundo

Imagen: Ragesoss

Sobre Núria Llavina

Experta en divulgación médica y científica, Núria es periodista por la Universitat Autònoma de Barcelona y posgrado en procesos editoriales por la Universitat Oberta de Catalunya.

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