martes , 25 junio 2019
homosexualidad

Homosexualidad, miedo y autoaceptación

El miedo es algo global: miedo a sonreír, a hablar, a mirar, a sentir, a que nos quieran, a enamorarnos, a no saber, a estar solos, a quedarnos sin trabajo, a salir del armario. Aunque parezcan muy distantes entre ellos, todos estos miedos tienen algo en común: la parálisis que no nos deja enfrentarnos a nuestros verdaderos sentimientos y, a la larga, puede matar nuestros sueños y proyectos de vida.

Hoy queremos enfocarnos al miedo que rodea al hecho de ser homosexual. Se ha avanzado mucho en este terreno, pero el miedo entre muchas personas homosexuales persiste. Si bien muchas personas viven su homosexualidad de manera libre y sin problemas, para otras muchas es muy difícil hacerlo en un mundo que sigue siendo heterosexista y, en muchas regiones del mundo, muy homófobo.

No puede negarse que en España hay una aceptación bastante generalizada de la homosexualidad, al menos socialmente. De la misma manera que siguen produciéndose inaceptables sucesos homófobos y de agresión al colectivo LGBTI (lesbianas, gays, bisexuales, transexuales e intersexuales), también personas con una intensa visibilidad pública, como Ada Colau, alcaldesa de Barcelona, hacen pública su condición sexual de homosexuales, bisexuales, etc. No ocurre lo mismo en legislación: España se encuentra en la 9.ª posición del Informe anual sobre derechos LGTBI en Europa, especialmente por la falta de leyes protejan específicamente la orientación sexual y la identidad de género. Como ha ocurrido en grandes momentos de la historia, parece ser que la sociedad camina más rápido que las leyes.

Tampoco el resto de Europa se encuentra muy boyante en materia de derechos LGTB y, sobre todo, en términos de aceptación social. Según un sondeo reciente llevado a cabo en el Reino Unido, dos de cada tres personas LGBTI evitan darse la mano con su pareja en público ante el temor a recibir una reacción negativa.

En 2013, la Oficina Europea de Derechos Fundamentales (FRA) realizó la mayor encuesta hecha hasta ahora al colectivo LGTBI (93.000 participantes de 28 países europeos). De sus opiniones se extrajo que muchos de ellos tienen miedo, así como sufren aislamiento y discriminación en la mayoría de los países, y que estos temores han alcanzado niveles muy altos en la Unión Europea. Casi la mitad (47%) se sienten discriminados socialmente, tanto en el terreno laboral como en la atención sanitaria. Esta situación, parece ser, la padecen más las mujeres lesbianas, con un porcentaje que asciende al 55%.

SENTIDO DE PERTENENCIA

El miedo sobreviene por varios motivos, pero todo redunda en el verdadero temor a no ser queridos y a no complacer las expectativas del entorno, tanto en el ámbito más personal (amigos, familia…) como más general (sociedad).

En el contexto social tendría un poco que ver con el sentido de pertenencia, componente natural en el ser humano y que se basa en convenciones. La normalización (lo normal) nos dice que debemos ser heterosexuales, y para ser aceptados hay que estar dentro de la norma social de lo que se espera de nosotros. Si no somos heterosexuales, ¿a dónde pertenecemos? ¿Quién nos acoge? Necesitamos sentir que pertenecemos a algo con cultura, ideas y pensamientos propios de grupo. En nuestra realidad heterosexista es comprensible imaginar el temor a quedarse desamparado, sin “grupo” al cual pertenecer.

En el ámbito más personal e íntimo, el temor puede proceder del hecho de no querer comprometer la aceptación de las personas más cercanas a nuestro entorno, como familia y amigos. El miedo se centra en la posibilidad de perder el afecto de nuestros familiares y amistades heterosexuales. La homofobia planea por encima de todas estas explicaciones como bandera para no sentirnos aceptados.

Estos temores provocan muchos problemas de autoaceptación. Puede llegarse a pensar que ser homosexual es lo más parecido a una maldición, a que uno se sienta culpable o avergonzado e incluso llegue a mantener relaciones con personas del otro sexo tratando de negar los verdaderos sentimientos. Esta negación, por lo general, genera muchos problemas psicológicos, como insatisfacción con la vida e incluso depresión, todo con una sensación de falsedad, de generar una vida que tan sólo es una “mentira”. Se crea una ambivalencia respecto al sentimiento de culpabilidad: por un lado, ¿por qué soy homosexual? Y por el otro, ¿por qué lo oculto?

UN COMPONENTE MUY FEMENINO

¿Existe un componente femenino en el miedo a salir del armario? Encuestas realizadas en institutos constatan que el porcentaje de chicos que se confiesan homosexuales suele ser más elevado que las chicas que se reconocen como lesbianas. La explicación a ese esto parece estar en unos mayores índices de violencia a chicas homosexuales en los centros escolares. En la encuesta europea antes mencionada, el 66% de los que se declaran homosexuales decidieron, durante la adolescencia, «no salir del armario». Esto representa una muestra clara de que la situación más dolorosa y palpable es en el entorno escolar.

La consecuencia de situaciones como éstas es que la mujer se encuentre, aún en la actualidad, más “armarizada”. Cuando Manuel Ángel Soriano, psicólogo madrileño, publicó el primer libro de autoayuda elaborado en España para el colectivo LGTBI (Tal como somos), el autor confesaba que le había costado encontrar una pareja de lesbianas para entrevistar, a pesar de que el nombre que aparecía era ficticio.

PERDIENDO EL MIEDO

El primer paso para perder el miedo y comenzar a actuar es la autoaceptación, es decir, promover una “salida del armario íntima” que indique que nos aceptamos, nos cuidamos, nos queremos y nos valoramos a nosotros mismos. Sólo después de amarse a uno mismo y eliminar esa homofobia interiorizada uno puede atreverse y llevar a cabo la “salida del armario social”, que se da cuando alguien lo notifica a su familia, en su trabajo o en otros ámbitos de nuestra vida.

Mantener la confianza y la autoestima es esencial. Sólo si estamos seguros de quién somos y cómo somos, sabemos trasmitir esa seguridad a los demás. Ser honestos con nosotros mismos y después con los demás es una virtud. No hagamos que nada ni nadie nos haga sentir lo contrario.

Sobre Núria Llavina

Experta en divulgación médica y científica, Núria es periodista por la Universitat Autònoma de Barcelona y posgrado en procesos editoriales por la Universitat Oberta de Catalunya.

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