domingo , 16 agosto 2026
La ciencia de la empatía

La ciencia de la empatía

Cuando los demás sufren, el resto de seres humanos nos identificamos con ese dolor. Es lo que se denomina empatía, que puede aparecer de formas diversas, desde la angustia cuando imaginamos e interiorizamos el dolor, hasta la compasión de alguien al comprender su mal momento. En esta capacidad intervienen las neuronas espejo, unas áreas cerebrales que no sólo se activan cuando estamos realizando una actividad, sino también cuando vemos a alguien realizándola.

Estos sentimientos diferentes a la hora de experimentar la empatía, angustia o compasión, implican distintos patrones de actividad cerebral, según un nuevo estudio publicado en la revista Neuron. Según investigadores, estos patrones cerebrales asociados con estos sentimientos son consistentes y predecibles entre individuos.

Para estudiar la empatía, los investigadores trabajaron con 66 adultos, los cuales fueron sometidos a un escáner cerebral que registró los patrones de actividad cerebral mientras escuchaban 24 historias verdaderas de angustia humana. Por ejemplo, en una de las historias, un joven toxicómano encuentra ayuda en un internado y más tarde es capaz de ayudar a otros a recuperarse de la adicción.

PROCESO DISTRIBUÍDO

Tras asociar los sentimientos con los patrones cerebrales, los expertos observaron que la actividad cerebral asociada con la empatía no estaba limitada a una sola parte del cerebro como acostumbra a ocurrir con el procesamiento habitual de la información sensorial que procede del exterior. A diferencia de ello, dicha actividad se extendió por gran parte del cerebro e involucró múltiples regiones cerebrales.

La empatía más asociada con la compasión se situó en zonas del cerebro relacionadas con el valor y la recompensa, como las cortezas prefrontal ventromedial y orbitofrontal medial. En contraste, los patrones relacionados con la angustia se localizaron en regiones cerebrales asociadas con los reflejos, que ayudan a un individuo a simular o imaginar lo que otra persona está sintiendo o pensando.

Los patrones fueron notablemente consistentes de persona a persona. Si bien hay un elemento personal que lleva a una persona a sentir más compasión o más angustia, cuando se genera el sentimiento se activan las mismas regiones y sistemas cerebrales que en las otras personas.

Además de realizar exploraciones cerebrales, los investigadores pidieron a un grupo separado de 200 adultos que también escucharan las historias y calificaran sus sentimientos de tristeza, disgusto, ira, miedo, negatividad, positividad y felicidad. Los resultados mostraron que la compasión estaba asociada con sentimientos felices y tristes, mientras que la angustia abarca generalmente sentimientos negativos de tristeza, ira, miedo y disgusto. Esto sugiere que en el sentimiento compasivo se refleja una mezcla de ternura y angustia.

EMPATÍA. UN ARMA DE DOBLE FILO

Si tenemos en cuenta la sociedad salvaje en la que vivimos, la empatía es una capacidad muy preciada. Nos permite ponernos en el lugar de los otros de una manera comprensiva y libre de prejuicios. También facilita la comunicación, el consuelo y la resolución de problemas. Aun así, es un don preciado que hay que controlar si no se quiere caer en un sufrimiento innecesario.

Hay personas extremamente empáticas y sensibles que llegan a sufrir en sus propias carnes lo que ocurre a su alrededor. Hay que establecer límites para evitar una potencial sobrecarga emocional y para no desconectarse de uno mismo y llegar a confundir que emociones nos pertenecen realmente. Cuando se llega a este punto no se ayuda a nadie, y lo que es peor, ni a uno mismo.

Son personas que tienden a ayudar a los demás hasta el punto de incluso a olvidar sus propias necesidades personales. Los excesivamente empáticos pueden llegar a sentir que poseen la responsabilidad de aliviar el dolor de los demás.

Aprender a decir que no, saber decir adiós a relaciones que en realidad nos hacen daño y pensar un poco más en uno mismo son herramientas que pueden ayudar a su cometido.

Por la propia salud y por la de los demás.

FUENTE | Sciencedaily

Sobre Núria Llavina

Experta en divulgación médica y científica, Núria es periodista por la Universitat Autònoma de Barcelona y posgrado en procesos editoriales por la Universitat Oberta de Catalunya.

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