Las fobias pueden definirse, según el DSM (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales), como un miedo intenso y persistente que es excesivo o irracional y es desencadenado por la presencia o anticipación de objetos o situaciones específicos. Las más conocidas son las fobias a algunos animales (zoofobia), a los lugares cerrados (agorafobia), a las alturas (acrofobia), a volar (aerofobia), etc.
En los últimos años se ha popularizado, sobre todo en los medios de comunicación, el empleo de un nuevo término que define el miedo hacia la pobreza y hacia las personas sin recursos o desamparadas. Se trata de la aporofobia.
En realidad, el concepto, que fue incluido en la RAE a finales del 2017, fue acuñado ya en la década de 1990 por la filósofa Adela Cortina, catedrática de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia. Con su creación, la experta quería diferenciar la actitud de “miedo a los pobres” de la xenofobia, que sólo se refiere al rechazo al extranjero, y del racismo, que es la discriminación por grupos étnicos.
Así pues, la aporofobia define la discriminación por clase social y recursos económicos, no por procedencia étnica. La exclusión desaparece cuando personas inmigrantes o miembros de otras etnias tienen patrimonio, recursos económicos y/o relevancia social y mediática.
EL PAPEL DEL CAPITALISMO
Todo lo que proviene del extranjero y que indica riqueza no nos produce rechazo. Como ejemplos, todos conocemos el prestigio de los coches alemanes, los relojes suizos, los turistas que aportan tanto dinero al sector turístico o cualquier cosa que provenga de Estados Unidos, la patria del capitalismo. Sin ánimo de generalizar, lo que se produce en una mayor parte de los casos es una actitud aporófoba fruto del patrón conductual egoísta e individualista que nos impone la ideología capitalista. La frase es simple, como indican en el artículo sobre el tema de la Fundación Melior: “lo diferente, lo de ‘fuera’ solo inspira miedo u odio cuando es pobre”.
Lo que nos debería hacer reflexionar: la situación de desamparo de gran parte de la sociedad se debe principalmente a que otros gozan de una situación de privilegio. Y es la balanza que mantiene un equilibrio basado en la desigualdad. Así pues, es una situación de la que todos somos responsables.
Ante esta situación, muchos emprenden actitudes solidarias y proactivas para lograr una reforma social que logre un equilibrio más justo para todos. Por el contrario, otras personas reaccionan al contrario, de forma negativa e incluso culpando a los más desfavorecidos de la situación en la que se encuentran. Un prejuicio como otros.
APOROFOBIA Y DELITOS DE ODIO
Según datos del observatorio Hatento, una de cada tres personas sin hogar en España ha sido insultada o ha recibido trato vejatorio y una de cada 5 ha sido agredida físicamente, y el 47% de los mendigos ha sufrido agresiones y humillaciones. Asimismo, datos del Ministerio del Interior del 2015 indicaban que uno de cada cuatro delitos de odio en España es por ideología. En concreto por aporofobia, se contabilizaron 15 delitos en 2015, un 36% más que en 2014. El problema es que esta cifra podría ser mucho mayor, bien porque la mayoría no lo denuncia, bien porque a la propia sociedad no le interesa que aparezca. Se genera un silencio incómodo hacia este tema, y no sólo por las instituciones de poder, sino por la sociedad en general. Es la hipocresía de “no querer ver” desde una posición de privilegio.
He aquí algunos ejemplos de aporofobia que salieron en los medios y que duele recordar:
- Hinchas del PSV mofándose de unas mujeres sin recursos en la Plaza Mayor de Madrid (2016)
- Ejemplo de criminalización de la pobreza: El Ayuntamiento de Murcia multa a personas sin hogar por comer y dormir en la calle entre cartones (2017)
- Ataque a un mendigo en Fuengirola (2010)
Fuentes | Wikipedia, Fundación Melior, Emilio Martínez Navarro
Salud entre líneas Behind the scene