domingo , 18 abril 2021
hafefobia

COVID-19 y miedo al contacto físico

Este pasado verano, durante el pequeño oasis en el que parecía que el virus nos daba una tregua, fui con unos amigos a un conocido parque de atracciones. En un momento determinado del día, nos dimos cuenta de que nos sobraba una entrada de entrada rápida (sin hacer cola) a una atracción infantil, para cuatro personas. Decidimos por unanimidad que se lo daríamos a la primera familia que pasara por delante. Y allí estaban, a pocos metros, tratando de decidir cuál sería su próxima atracción.

Nos acercamos a ellos y le dije a mi compañera: “Creo que no quieren que vayamos”. Sentí como si una barrera invisible nos alejara a ambos grupos. Insistimos por lo humano del objetivo final, regalar unas simples entradas. Nos acercamos más, y, con una conversación absolutamente fría y aséptica, a modo de “conversación pandémica”, les dimos las entradas. No sé si es que no se lo creían, si es que desde hace un tiempo hay que demostrar que no eres culpable por lo que sea, o si sencillamente no querían que nos acercáramos, que no nos tocáramos ni un pelo. A mí me dio un pellizquito en el corazón y no me lo quité de la cabeza en todo el día.

Todo este rollo viene a colación por un artículo que hoy mismo ha llegado a mis manos y que se titula “”No, no me toques”, una respuesta común tras la pandemia” (theconversation.com). En este, Elkin Luis, Profesor de la Facultad de Educación y Psicología de la Universidad de Navarra, nos habla de algo que podía intuir que existía, pero a lo que nunca le había puesto nombre: la hafefobia, término no recogido en la RAE pero que define el miedo persistente, excesivo y poco realista a ser tocado. Como escribe literalmente Elkin Luis, “quienes sufren hafefobia evitan cualquier situación social que suponga ser tocado. Cuando no es posible, son presa de la ansiedad y la angustia”.

Una pequeña búsqueda en Google te arroja multitud de artículos en los que se habla de este término y de cómo ha aflorado, que no surgido, durante la pandemia de la COVID-19. Haced la prueba. Los expertos y los gobiernos nos recomiendan desde hace muchos meses desinfectar nuestras manos con frecuencia y mantener la distancia social, y la gente trata de evitar la infección siguiendo estas instrucciones. ¿Podrían estas medidas aumentar los casos de hafefobia? ¿O pudiera ser una reacción natural y temporal al miedo y la incertidumbre?

UNA FOBIA CONOCIDA

La hafefobia lleva muchos años empleándose en el ámbito de la psicología y la psiquiatría, específicamente en aquellos trastornos en los en los que, como indica Luis, predomina la ansiedad, incluyendo la misofobia (miedo a los gérmenes), la oclofobia (miedo a las multitudes), el trastorno obsesivo compulsivo (TOC), el trastorno de estrés postraumático (TEPT) o el trastorno de ansiedad generalizada (TAG).

El término hafefobia como tal no está incluido en el conocido Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, si bien puede enmarcarse en lo que en el mismo texto se define como fobia específica, caracterizada por un miedo excesivo e irracional a objetos o situaciones concretas, que casi siempre se produce por la exposición al estímulo temido. El estímulo fóbico se evita y, cuando no se puede evitar, la persona siente una ansiedad o incomodidad intensas (Sadock, B.J. y cols., Kaplan y Sadock. Sinopsis de Psiquiatría, Wolters Kluwer, 2015).

¿HAFOFOBIA PANDÉMICA?

El encierro y todo el entorno creado por la pandemia pueden contribuir al desarrollo de fobias porque para muchas personas está siendo una situación traumática. Esto está claro. Hemos tenido que cambiar nuestra vida diaria y nuestros movimientos han quedado restringidos. Hoy en día, las personas deben enfrentarse a trabajar desde casa, al desempleo temporal (o no), a la falta de contacto físico con otros familiares o amigos, al miedo a lo desconocido, etc. La soledad está en el orden del día.

Y la incertidumbre. Y el cambio. La explicación, como indica Luis, está quizás en el cambio, que, se presente como se presente, “es inicialmente amenazante, perturba el equilibrio y siembra inseguridad”. El cambio acaecido con la COVID-19 nos ha traído esto, inestabilidad e inseguridad, así como sensaciones muy negativas por un futuro próximo desconocido. Una cierta falta de control que pensábamos tener en nuestra mano. Así pues, como concluye el experto, “las personas con hafefobia experimentan la interminable incertidumbre y la realidad imprevista con un malestar de mayor intensidad que la población en general”.

Con todo este contexto, el estrés, la preocupación y el miedo pueden llegar a ser respuestas normales y naturales. Solo si estos sentimientos se mantienen en el tiempo y hay antecedentes de vulnerabilidad psicológica, biológica o social, podrían convertirse en un problema. De hecho, expertos en psicología han advertido que podría convertirse en un inconveniente real y preocupante en niños y personas mayores, que son quienes más contacto físico necesitan.

Y más si se alarga mucho más en el tiempo. Como indican los expertos, podría agravarse por el mantenimiento prolongado de la distancia social y por los mensajes constantes sobre la facilidad de contagio, que hacen que muchas personas se obsesionen y se paralicen con situaciones relativamente normales, como coger el carro de la compra, chocar el codo con alguien, apretar el botón de un ascensor o abrir una puerta.

¿CUÁNDO BUSCAR AYUDA?

Algunas fobias específicas pueden autocontrolarse, pero si el miedo al contacto interfiere con tu trabajo, tu familia o tu vida personal, es hora de buscar ayuda. Cuanto antes comiences el tratamiento, más fácil será.

Sobre Núria Llavina

Experta en divulgación médica y científica, Núria es periodista por la Universitat Autònoma de Barcelona y posgrado en procesos editoriales por la Universitat Oberta de Catalunya.

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