domingo , 21 enero 2018
Riesgo cardiovascular en 5 indicadores y sin pruebas de sangre

Riesgo cardiovascular en 5 indicadores y sin pruebas de sangre

Las enfermedades cardiovasculares representan la primera causa de mortalidad en los países industrializados. Una gran parte de esta mortalidad está relacionada con factores de estilo de vida en gran parte modificables, como el ejercicio físico o la dieta.

En un estudio reciente publicado en la revista The Journal of American College of Cardiology y llevado a cabo por investigadores del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares Carlos III (CNIC), por primera vez se han identificado cinco indicadores a través de los cuales puede predecirse el riesgo cardiovascular en individuos sanos. Los científicos han reunido a todos ellos en una herramienta a la que han denominado índice Fuster-BEWAT, ideal, según ellos, en entornos donde no se disponga de muchos recursos. Por ejemplo, puede ser útil en lugares donde no se disponga de herramientas para detectar los niveles de colesterol y glucosa, indicadores claros de riesgo cardiovascular.

El trabajo ha constatado que este índice es útil para predecir la presencia y extensión de aterosclerosis subclínica (sin síntomas) en individuos de mediana edad sin enfermedad cardiovascular conocida. La herramienta, al parecer, es tan eficaz que la de salud cardiovascular ideal (ICHS), recomendada por la American Heart Association y de uso común en el ámbito de la prevención primaria y promoción de la salud.

Uno de los grandes beneficios de esta herramienta es que directamente es más sencilla, y no requiere análisis de sangre para evaluar el riesgo cardiovascular. El estudio ha constatado, sin muestras de sangre, que los perfiles cardiovasculares más saludables se asocian con menor prevalencia y menor extensión de enfermedad subclínica en individuos sanos, lo que evidencia el impacto de los estilos de vida y de los factores de riesgo en las fases tempranas de la enfermedad. Veamos los indicadores uno por uno:

1. PRESIÓN ARTERIAL

Es sabido que la hipertensión arterial aumenta el riesgo de sufrir una cardiopatía, un ataque al corazón o un accidente cerebrovascular. Si a esta hipertensión se le suma la obesidad, el tabaquismo o niveles elevados de colesterol, el riesgo es aún mayor. Los valores normales son diferentes según ciertos estados y la edad, pero estos oscilan ente 120/80.

2. ACTIVIDAD FÍSICA

El sedentarismo y la falta de actividad física tienen una estrecha relación con la obesidad, la diabetes y el colesterol, todo factores vinculados directamente con un aumento del riesgo cardiovascular. De hecho, como se indica en la página web de la Fundación Española del Corazón, “la inactividad física o falta de ejercicio se considera uno de los mayores factores de riesgo en el desarrollo de la enfermedad cardíaca e incluso se ha establecido una relación directa entre el estilo de vida sedentario y la mortalidad cardiovascular. Una persona sedentaria tiene más riesgo de sufrir arterioresclerosis, hipertensión y enfermedades respiratorias”.

El efecto del ejercicio es muy valioso, tanto en prevención de enfermedades como en el tratamiento de las mismas, si bien debe cumplir una serie de criterios para que no acabe siendo contraproducente.

3. ÍNDICE DE MASA CORPORAL

Un estudio del 2016 liderado por la Universidad de Granada indicaba que el IMC es un predictor más fiable de enfermedades cardiovasculares que el porcentaje de grasa corporal.

4. CONSUMO DE FRUTA Y VERDURA

Hay cada vez más indicios científicos sólidos del efecto cardioprotector de las frutas y las verduras. Dicho efecto no estaría tan relacionado con una reducción directa de las tasas de colesterol total o de los triglicéridos. Lo que ocurre es que una dieta rica en frutas y verduras aumenta las concentraciones de potasio y magnesio, que protegen contra los trastornos del ritmo cardíaco, al tiempo que se reduce la ingesta de sodio, cuya asociación con la hipertensión está más que constatada. Asimismo, la alta concentración de antioxidantes podría jugar un papel protector frente a la enfermedad vascular isquémica. En todo caso, hay muchos estudios que aún están analizando del todo el papel de las frutas y las verduras en el hecho de tener un corazón sano.

5. CONSUMO DE TABACO

Fumar cigarrillos también es un factor de riesgo de cardiopatías. La buena noticia es que diversos estudios han constatado que dicho riesgo se reduce radicalmente tras el abandono de su consumo, y tras de 10 a 14 años se acerca al nivel de aquellos que nunca han fumado, después de 10 a 14 años.

Las sustancias liberadas durante la combustión del tabaco (más allá de la nicotina) promueven el crecimiento de placas ateroescleróticas y predisponen a su ruptura, con la consiguiente trombosis. Asimismo, el tabaquismo aumenta la frecuencia cardíaca, endurece las arterias grandes y puede causar irregularidades del ritmo cardíaco, todo factores que hacen que el corazón trabaje más. Además, el tabaquismo eleva la presión arterial, que es otro factor de riesgo importante, como ya hemos indicado.

FUENTE |SINC

Sobre Núria Llavina

Experta en divulgación médica y científica, Núria es periodista por la Universitat Autònoma de Barcelona y posgrado en procesos editoriales por la Universitat Oberta de Catalunya.

Más artículos

extinción del chocolate

El chocolate, en peligro de extinción

Aunque a priori pueda parecer una noticia un tanto graciosa, el fondo del asunto es …

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de usuario. Si continúas navegando estás dando tu consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies. Pincha el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies
Simple Share Buttons