lunes , 16 octubre 2017
Parafilias sexuales: deseo sexual enfermizo

Parafilias sexuales: deseo sexual enfermizo

Recientemente ha aparecido en DVD la última película de Paco León, de 2016: Kiki, el amor se hace. En esta película, protagonizada por él y por otros actores de la talla de Candela Peña y Alex García, cinco historias de amor y filias sexuales coinciden en un calenturiento verano. Es un remake de la película australiana de 2014 The Little Death.

La película cubre, en las cinco historias que se entrelazan, cinco curiosas filias sexuales en clave de humor (no incluyo el poliamor, que también se aborda, por no poder considerarse una filia sexual, sino más bien una opción con respecto a tipo de relaciones):

  • Dacrifilia: excitarse con las lágrimas de alguien.
  • Elifilia: obsesión sexual por los tejidos. En la película, el personaje se excita con las telas de seda.
  • Somnofilia: excitación por tener sexo con alguien que está dormido. En la película, el personaje empastilla a su mujer, quien va en silla de ruedas, para poder tener relaciones sexuales con ella durante la noche sin que ella se entere. En otras palabras, la viola cada noche.
  • Harpaxofilia: excitarse cuando alguien te atraca o asalta. Es una forma más de excitarse ante la sumisión.
  • Dendrofilia: atracción sexual hacia los árboles y las plantas.

UNA SOLA FUENTE DE EXCITACIÓN

Las parafilias, perversiones o trastornos parafílicos son considerados, en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, un trastorno. En la obra se definen como “estímulos o actos sexuales que, a pesar de constituir desviaciones respecto a la conducta sexual normal, a algunas personas les resultan necesarios para experimentar excitación y llegar al orgasmo”.

Para que se considere trastorno, la sexualidad de los afectados debe estar restringida a estímulos que provengan del objeto de deseo “desviado”. Así pues, cuando una persona es capaz de responder a estímulos eróticos más típicos no se considera que sufra un trastorno. Los trastornos parafílicos pueden oscilar desde una conducta casi normal hasta una destructiva o dañina, no tan sólo para el afectado, sino también para la pareja (en caso de que la tenga) o del entorno.

Algunas de las parafilias más comunes son, entre otras:

  • Pedofilia: presencia de impulsos sexuales intensos y recurrentes dirigidos hacia niños o niñas de 13 años o más pequeños.
  • Frotteurismo: frotamiento del pene contra las nalgas u otra parte del cuerpo de una mujer completamente vestida para alcanzar el orgasmo. La forma de agresividad en esta parafilia es evidente. Es la típica que se da, por ejemplo, en los metros, y motivo por el cual en muchos países se han dividido los vagones entre vagones mixtos y vagones sólo para mujeres.
  • Voyeurismo: también conocido como escopofilia, es la preocupación recurrente por fantasías y actos que implican la observación de personas desnudas o en medio de actividades sexuales.
  • Exhibicionismo: impulso recurrente de mostrar los genitales a un desconocido o a una persona que no se lo espera.
  • Sadismo sexual: excitación sexual recurrente e intensa ante el sufrimiento físico y psíquico de otra persona.
  • Masoquismo sexual: excitación cuando se viven actos que implican humillación, golpes, ser atados o ser sometidos a cualquier acto que implique dolor. En esta parafilia se incluye lo que se conoce como asfixiofilia, también conocida como asfixia autoerótica, una práctica en la que se alcanza o aumenta la excitación sexual mediante la restricción de la respiración. Muchas personas mueren al año ahorcadas después de practicar esta parafilia.
  • Fetichismo: el foco sexual se centra en objetos (p. ej., zapatos, guantes, medias y calcetines) que están asociados íntimamente al cuerpo humano, o en partes del cuerpo que excluyen los genitales.

Existen, no obstante, otras muchas parafilias que pueden diagnosticarse. Éstas son clínicamente significativas cuando causan un intenso sufrimiento o dificultad interpersonal, o generan dificultades relacionadas con el trabajo. No obstante, cuando la fantasía no se ha llevado a la práctica, no debería aplicarse el término de trastorno parafílico.

INFRADIAGNÓSTICO

La prevalencia de parafilias es mucho más notable en hombres que en mujeres. Aunque sólo un porcentaje pequeño de la población sufre de trastornos parafílicos, la conducta repetitiva de los afectados hace que muchas personas hayan sido víctimas de este tipo de actos. Asimismo, es muy probable que la prevalencia sea significativamente mayor que el número de casos diagnosticados.

Los casos interminables pornografía infantil son un buen ejemplo de ello. De hecho, la pedofilia es una de las parafilias más frecuentes. Aunque duela hasta escribirlo, a los 18 años, entre el 10% y el 20% ha sido objeto de acoso sexual.

Fuente | Kaplan & Sadock. Sinopsis de psiquiatría (Wolters Kluwer, 2015)

Sobre Núria Llavina

Experta en divulgación médica y científica, Núria es periodista por la Universitat Autònoma de Barcelona y posgrado en procesos editoriales por la Universitat Oberta de Catalunya.

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