domingo , 21 enero 2018
Las adicciones del siglo XXI

Las adicciones del siglo XXI

Cada adicción tiene sus especifidades. Las hay relacionadas con sustancias (alcohol, drogas, cafeína, etc.) y las hay que no. De hecho, la Asociación para la Atención y Tratamientos de las Dependencia y Adicciones las llama adicciones “sin sustancia”.

Entre éstas se encuentran las adicciones relacionadas con las nuevas tecnologías, como Internet o la televisión, entre otros ejemplos. El hecho de que formen parte inherente de nuestras vidas las hace a veces imperceptibles. No obstante, el uso abusivo de ellas es más frecuente de lo que parece, y puede valer la pena pararse a reflexionar sobre ello.

En todos los casos, una conducta sólo se considera adicción cuando el individuo presenta estos tres rasgos:

  • Tolerancia: necesidad de consumir cada vez más para lograr la misma emoción.
  • Síndrome de abstinencia: cuando no se puede satisfacer la adicción.
  • Pérdida del control: incapacidad de frenar en el consumo.

Y hay consecuencias que coinciden, más allá de las específicas de cada adicción:

  • Deterioro de la vida social, afectiva, laboral o escolar.
  • Depresión.
  • Trastornos del sueño.

Queremos listaros, de forma rápida y sin extendernos mucho en motivaciones y consecuencias, algunas de las adicciones relacionadas con la sociedad frenética que nos rodea hoy día. Hay que ir con cuidado, pues todos podemos ser víctimas de ellas en algún momento de nuestra vida.

INTERNET

Cerca de 23 millones de usuarios españoles acceden todos los días a Internet. El 91,7% de ellos lo hace a través del móvil, el 73,1% de los internautas, desde el ordenador, y el 15,2%, desde el televisor. Otro dato importante: el 69% de los estudiantes españoles declaran sentirse “realmente mal” si no tienen conexión a internet. Huelga decir en este punto que según el estudio realizado por la fundación Pfizer (2009), el 98% de los jóvenes españoles de 11 a 20 años es usuario de Internet (son nativos digitales). Sin duda, los jóvenes son los más vulnerables.

Sin voluntad de demonizar el uso normal de la red para buscar información útil, para intercambiar datos, para entretenerse o sencillamente para ponernos en contacto con alguien de forma immediata, es importante tener en cuenta cuando el abuso de Internet provoca aislamientoansiedad, afecta a la autoestima y le hace perder al sujeto su capacidad de control.

Señales de alerta:

  • No dormir las horas adecuadas para poder acceder a Internet.
  • Descuidar otras actividades importantes como estar con la familia y amigos, estudiar o hacer deporte.
  • Pensar en la red constantemente y llegar a discutir con personas cercanas sobre el tema.
  • Mentir sobre el hecho de estar conectado.
  • Aislarse socialmente.
  • Sentir euforia cuando se está conectado.

VIDEOJUEGOS

Datos de diferentes estudios sobre el uso de los videojuegos señalan que la gran mayoría de los jóvenes entre 12 y 18 años juegan de forma habitual a los videojuegos que existen en el mercado. Sin dejar de lado los beneficios que pueden aportar, entre los cuales destacan una mayor coordinación ojo-mano, un aumento de los reflejos, una mejora de la memoria visual y auditiva o incluso una mejor interrelación cuando se juega en colectivo, el consumo desmesurado de los videojuegos puede ser también perjudicial.

TELEVISIÓN

Aunque no sea tan habitual, la televisión también puede generar dependencia. En algunos estudios se ha constatado que el estado de placer producido por observar durante horas consecutivas televisión es comparable al de tener sexo, beber alcohol o apostar dinero. Se produce una sensación de bienestar relacionada con un estado de completo relax, pasivo, en que la persona recibe una gran cantidad de estímulos.

Cuando se produce la adicción a la televisión, la persona puede llegar a depender tanto de ésta como de los alimentos, e incluso puede llegarse a perder el contacto con la realidad, que pasa a ser la que se está televisando.

MÓVIL (NOMOFOBIA)

En los últimos años se ha creado el término nomofobia, que hace referencia al miedo incontrolable de salir de casa sin el teléfono móvil. Proviene de la expresión “no-mobile-phone phobia” a partir de un estudio español de 2011 que confirmaba que casi el 53% de los usuarios de teléfonos móviles en el Reino Unido tienden a sentir ansiedad cuando pierden su teléfono móvil, se les agota la batería o el crédito, o no tienen cobertura de la red.

OTRAS ADICCIONES ‘SIN SUSTANCIA’

En los  últimos años también se han generalizado algunas necesidades irreprimibles que pueden llegar a convertirse en adicciones relacionadas con las compras, la dieta o el ejercicio físico.

  • Compras: un 5% de la población europea podría ser adicta a las compras, según los resultados de un informe promovido por la Unión Europea sobre los problemas psicológicos relacionados con el consumo. Afecta más a mujeres, pero también a hombres. Ellas optan por la ropa y las joyas, mientras ellos prefieren la tecnología. Ofertas, rebajas, outlets, productos low cost… El hecho de comprar se ha vuelto una finalidad en sí misma más allá del producto que se adquiere.
  • Obsesión por la dieta o permarexia: en realidad se trata de una conducta de riesgo que, si no se detecta, puede llevar a problemas graves como la anorexia o la bulimia. La obsesión por el peso y las calorías no solo puede producir carencias nutricionales, sino hacernos más vulnerables a problemas de salud.
  • Obsesión por el ejercicio físico: la actividad física aporta innumerables beneficios hasta que se convierte en obsesión. Como la obsesión por la dieta es una conducta de riesgo, la obsesión por el ejercicio puede ser una fuente de trastornos como la vigorexia (visión distorsionada del cuerpo que lleva a querer muscular sin fin y a obsesionarse con ir al gimnasio) o la dismorfofobia (preocupación obsesiva por algún defecto corporal, sea real o imaginado).

FUENTE | CODAPA, Estudio anual de redes sociales

Sobre Núria Llavina

Experta en divulgación médica y científica, Núria es periodista por la Universitat Autònoma de Barcelona y posgrado en procesos editoriales por la Universitat Oberta de Catalunya.

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