jueves , 23 noviembre 2017
¿Existe el efecto placebo?

¿Existe el efecto placebo?

¿Qué es el efecto placebo? ¿Es algo real? Como dice la Real Academia de la lengua, el placebo no es más que una “sustancia que carece de acción curativa pero que produce un efecto terapéutico si el enfermo la toma convencido de que es un medicamento realmente eficaz”. Tiene el mismo aspecto, gusto y forma que un medicamento verdadero, pero está hecho de productos inertes y sin ningún principio activo.

La pregunta que llevan haciéndose investigadores de todo el mundo durante años es qué mecanismos neurobiológicos del placebo juegan en la activación de las mismas áreas específicas del cerebro que activan los medicamentos que han demostrado sí ser terapéuticos en sí mismos.

Los avances científicos de los últimos años han mejorado de forma notable la credibilidad del efecto placebo. Se sabe, por ejemplo, que se ponen en juego la activación de neurotransmisores (por ejemplo, endorfinas, cannabinoides y dopamina) y de áreas específicas relevantes que también se activan a través de medicamentos convencionales. Además, se están empezando a identificar las marcas genéticas de pacientes propensos a responder de forma positiva al placebo. Por otra parte, se han aportado pruebas convincentes de que estos efectos son auténticos fenómenos biopsicosociales que van mucho más allá de la remisión espontánea de una enfermedad.

Como conclusión, son muchos los trabajos que se han centrado en el efecto placebo y la conclusión principal de la mayoría de ellos es que sí, que el efecto placebo existe, y que funciona. A mediados de 2015, en un estudio publicado en The New England Journal of Medicine se analizó la investigación clínica de los últimos años sobre el efecto placebo. Hoy queremos listaros los principales hallazgos que se esgrimieron en dicho artículo.

1. EL EFECTO PLACEBO INFLUYE EN LOS SÍNTOMAS, PERO NO CURA

No se ha constatado que el placebo pueda curar una enfermedad, pero sí influir directamente en los síntomas. Así, puede proporcionar alivio, pero no alterar la fisiopatología de las enfermedades más allá de sus manifestaciones sintomáticas. Con respecto al cáncer, por ejemplo, no se ha visto que el placebo pueda reducir los tumores, aunque sí se ha podido comprobar que ayuda a reducir los efectos secundarios del tratamiento convencional del cáncer, como la fatiga, las náuseas, los sofocos y el dolor.

La explicación a esto podría estar en el aumento de la producción de endorfinas y dopamina, los neurotransmisores que aumentan la sensación del placer.

2. EL EFECTO PLACEBO FUNCIONA MEJOR CON FÁRMACOS

Al parecer, el efecto placebo funciona mejor si interactúa con productos farmacéuticos. En un estudio sobre migraña, cuando los pacientes tomaron un medicamento etiquetado como “placebo” (tratamiento que teóricamente tenía “efectos farmacológicos puros”), los resultados no difirieron de las de los pacientes que recibieron placebos engañosamente etiquetados como “rizatriptán”. Sin embargo, cuando el ritzatriptan fue etiquetado correctamente, su efecto analgésico aumentó en un 50%.

3. EL EFECTO NOCEBO EXISTE

El efecto nocebo, que consiste en experimentar los mismos efectos adversos que deberían experimentarse al ingerir un fármaco convencional cuando en realidad se está ingiriendo placebo, existe. Por lo tanto, en el efecto nocebo no tiene por qué existir un fármaco “real”. No obstante, las consecuencias dañinas y desagradables a nivel bioquímico, fisiológico, emocional y cognitivo son las mismas.

¿Existe el efecto placebo?

ÉTICA MÉDICA

En el artículo publicado, los autores hablaban de la necesidad de un avance importante en términos éticos con respecto al uso del placebo. Por ejemplo, en el hecho de decirle o no al paciente qué tipo de tratamiento está recibiendo. En este sentido, los mismos investigadores de este artículo, junto con investigadores de la Universidad de Alabama, pusieron en marcha un programa a través del cual se detecta gente que sufre dolor crónico, se les inscribe en un estudio, se admite que no se puede hacer mucho por ellos, se les da una píldora falsa y se les dice que efectivamente es falsa. Se trata de utilizar el placebo de forma “honesta” para ver si los efectos son los mismos.

Los investigadores, entrevistados en este artículo, consideran que en el efecto placebo podría subyacer algún elemento de condicionamiento psicológico clásico. En otras palabras, cuando tomamos una pastilla y vemos un efecto, es decir, cuando nos tomamos una aspirina y nos quita el dolor, asociamos el ritual de tomar pastillas con un efecto beneficioso. También podría ser una simple cuestión de expectativas. Por último, los investigadores hablan de “mecanismos no conscientes”. Por ejemplo, cuando vemos una película de terror, y aun sabiendo que no es real, creamos una respuesta fisiológica. Lo mismo puede pasar cuando tomamos píldoras: involucramos a la imaginación y simulamos una respuesta terapéutica.

De hecho, esta cuestión de las expectativas podría incluso ocurrir con fármacos reales. Y los neurocientíficos están cada vez más de acuerdo con ello. ¿Cuántas veces no nos funciona un ibuprofeno porque consideramos que el momento en el que lo hemos tomado ya no era el adecuado? ¡Y nos estamos tomando un principio activo!

Sin duda alguna, hablar de placebo es hablar de algo muy complejo cuando entran en juego personajes que se autodenominan gurús y que convierten la curación de enfermedades en algo completamente dependiente del pensamiento y las emociones. Sin dudar de que el estado emocional del paciente sea importante, parece evidente que el efecto placebo es importante pero no definitivo. La interacción de varias propuestas terapéuticas acontece esencial para el objetivo final de la medicina: curar y aportar calidad de vida al paciente.

Sobre Núria Llavina

Experta en divulgación médica y científica, Núria es periodista por la Universitat Autònoma de Barcelona y posgrado en procesos editoriales por la Universitat Oberta de Catalunya.

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