jueves , 21 septiembre 2017
Deporte demasiado intenso: ojo con los intestinos

Deporte demasiado intenso: ojo con los intestinos

Partamos de la base de que el deporte y la actividad física nunca serán malos. Al contrario. Todos conocemos los amplios beneficios de una vida activa. No obstante, como tantas cosas en la vida, hay mejores y peores maneras de practicar deporte. Hoy os vamos a hablar de un síntoma que puede indicarnos que algo no va bien cuando corremos o vamos en bicicleta: las molestias gastrointestinales.

La incomodidad estomacal durante el ejercicio no es una parte “normal” del proceso de deporte. Una nueva investigación publicada en la revista Alimentary Pharmacology and Therapeutics y llevada a cabo investigadores de la Universidad de Australia sugiere que el ejercicio vigoroso excesivo podría conducir a daños intestinales. Este daño se traduciría en una desactivación de la función intestinal como respuesta al estrés que provoca el ejercicio intenso. Para el trabajo, los expertos han revisado ocho estudios ya realizados que se centraron en esta cuestión.

Así, la intensidad y la duración del ejercicio parecen no sólo estar relacionadas con un mayor riesgo de lesiones, sino también con una mayor probabilidad de disfunción intestinal. Y esto puede empeorar en verano. Según los mimos investigadores, el estrés por el calor podría ser un factor de exacerbación de estos síntomas. De hecho, el sistema gastrointestinal no está diseñado para el deporte de resistencia porque parece que es el órgano que más directamente sufre las consecuencias del aumento de la temperatura corporal.

También las personas con predisposición a trastornos gastrointestinales, como parece lógico, podrían ser más susceptibles a esos problemas de salud relacionados con el ejercicio.

Deporte demasiado intenso: ojo con los intestinos

UN UMBRAL DE 2 HORAS

Dos horas parecen ser el límite. Tras 2 horas de ejercicio de resistencia, que es cuando se alcanza el 60% del nivel máximo de intensidad del individuo, es cuando podría ocurrir el mencionado daño intestinal.

El motivo principal de esta afectación en los intestinos estaría en el flujo sanguíneo. Un flujo normal a los intestinos mantiene las células oxigenadas y sanas y, por lo tanto, garantiza un metabolismo y un funcionamiento adecuados. Durante el ejercicio, el intestino pierde una gran cantidad de dicha aportación, lo que puede conducir a una inflamación que daña al revestimiento protector del órgano. Este sistema gastrointestinal debilitado favorece que las toxinas del intestino pueden llegar a la circulación sistémica en un proceso denominado “permeabilidad intestinal“.

La permeabilidad genera síntomas como gases, distensión, diarrea, estreñimiento, alergias e intolerancias alimentarias, etc., además de otros muchos posibles síntomas y complicaciones. Y esto es algo que no coincide con los supuestos beneficios del ejercicio cuando se realiza de manera adecuada, uno de los cuales es la mejora del tránsito intestinal y, por lo tanto, la reducción del estreñimiento y una aceleración del metabolismo.

EJERCICIO MODERADO: LA CLAVE

Los mismos expertos indican que el ejercicio moderado tiene muchos beneficios protectores para los intestinos. El ejercicio suave y moderado permite mantener un peso saludable y evitar las consecuencias de la obesidad, la cual está asociada con muchas enfermedades gastrointestinales (enfermedad de la vejiga, hígado graso, enfermedad por reflujo gastroesofágico, y cánceres de esófago, estómago, hígado y colon). Asimismo, la actividad física regular moderada también reduce el riesgo de enfermedad cardiovascular, diabetes tipo de 2 y depresión, entre otros muchos beneficios.

Así pues, para prevenir los problemas intestinales relacionados con el ejercicio, los investigadores aconsejan mantener una buena hidratación durante toda la actividad física, así como consumir pequeñas cantidades de carbohidratos y proteína antes y durante el ejercicio. También sugieren hablar sobre cualquier síntoma con un médico para asegurar que no haya ningún trastorno gastrointestinal subyacente. Por último, aconsejan hacer ejercicio dentro de la zona de confort. Cuando hay dolor estomacal o abdominal, algo no va bien.

Fuente | Alimentary Pharmacology and Therapeutics

Sobre Núria Llavina

Experta en divulgación médica y científica, Núria es periodista por la Universitat Autònoma de Barcelona y posgrado en procesos editoriales por la Universitat Oberta de Catalunya.

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