jueves , 14 diciembre 2017
Cuanto más mentimos, menos culpables nos sentimos

Cuanto más mentimos, menos culpables nos sentimos

El cerebro humano es muy complejo, como es bien sabido. Los mecanismos cerebrales que controlan algunas cualidades humanas como la honestidad, la sinceridad, el valor de la justicia, la cooperación, etc. han sido estudiados en notables ocasiones, pero hay tantos elementos implicados que siempre es complicado extraer conclusiones definitivas.

Un estudio reciente de finales del 2016 se centró en la honestidad y la “insinceridad”, si podemos utilizar este término. Al parecer, el incremento de mentiras en nuestra vida diaria hace que nuestro cerebro se adapte a ellas, restándoles importancia e inflando el engaño con el tiempo.

MENTIRAS REPETIDAS

Lo afirmaron en Nature Neuroscience investigadores del University College London, tras culminar un estudio en 80 participantes sometidos a un escáner cerebral y a una prueba para valorar su nivel de honestidad. A todos ellos, colocados en parejas, se les mostró un recipiente lleno de monedas para que estimaran la cantidad de monedas del mismo. Una vez establecida la hipótesis, debían comunicárselo al compañero. Cuanto más exacto era el número que indicaban a la pareja, más dinero ganaban.

A continuación, los investigadores introdujeron variantes en el experimento. En una de ellas, las parejas podían obtener más dinero a costa del compañero si le indicaban una cantidad demasiado elevada. El objetivo era constatar, en primer lugar, si los participantes engañaban en beneficio propio y, en segundo lugar, qué ocurría en diversas rondas: si la mentira crecía o no.

Los resultados fueron reveladores: la amígdala (una parte del cerebro asociada con la emoción) se activaba de forma importante cuando las personas mentían por primera vez para lograr un beneficio. No obstante, a medida que avanzaban las siguientes rondas, la respuesta de la amígdala a la mentira disminuía, mientras que la magnitud de las mentiras se intensificaba. La amígdala presentaba incluso un descenso notable cuando la mentira era desmesurada En resumen: el engaño iba in crescendo en beneficio propio y el sentimiento de culpabilidad iba disminuyendo.

ADAPTACIÓN A LA MENTIRA

Por lo tanto, y como conclusión, cuanto más mentimos, menos nos cuesta mentir, porque nos volvemos menos sensibles a las emociones negativas de la mentira. La respuesta de la amígdala lo constata en este trabajo empírico. El rechazo que muestra la amígdala en la primera mentira se torna menos importante a medida que seguimos mintiendo. Y paulatinamente vamos quitando el pie al freno emocional de mentir.

Los investigadores creen que esta adaptación podría estar relacionada con la desensibilización ante comportamientos violentos, y advierten sobre el riesgo de caer en las pequeñas mentiras. Por ellas se empieza. Y a medida que crece la dimensión del engaño más fácil es que éste se pueda convertir en un gran fraude.

AMÍGDALA, SOLDADO DE LAS EMOCIONES

La amígdala desempeña un papel importante en la valoración emocional de las circunstancias, y es clave en nuestra supervivenvia como especie. En ella residen nuestras emociones más básicas, como el miedo (se la conoce como “centro cerebral del miedo”), la rabia o el instinto de supervivencia. Es la responsable de que podamos escapar de situaciones de riesgo o peligro, pero también la que nos obliga a recordar traumas infantiles o todo aquello que nos ha hecho sufrir.

Está implicada, pues, tanto en la emisión como en la inhibición de respuestas emocionales ante señales que provienen, sobre todo, del exterior; en la gestión del miedo y la reacción lucha/huída (cuando reaccionamos ante una amenaza); en el aprendizaje emocional, al ayudarnos a crear estrategias a aplicar ante la presencia de estímulos; en la memoria, al relacionar recuerdos con emociones; en la agresividad (un mal funcionamiento de la amígdala está relacionado con estados exagerados de agresividad); o incluso en el control de la ingesta, ayudando a mantener el equilibrio corporal a través de su influencia en la percepción de saciación.

Sobre Núria Llavina

Experta en divulgación médica y científica, Núria es periodista por la Universitat Autònoma de Barcelona y posgrado en procesos editoriales por la Universitat Oberta de Catalunya.

Más artículos

¿Qué es el efecto nocebo?

¿Qué es el efecto nocebo?

En otro artículo os hablamos del efecto placebo. Este efecto puede definirse como aquél que …

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de usuario. Si continúas navegando estás dando tu consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies. Pincha el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies
Simple Share Buttons